
Khan Younis (UNA/WAFA) – El sufrimiento de las personas desplazadas en la zona de Al-Mawasi, al sur de la Franja de Gaza, se renueva con cada baja presión del sistema, en tiendas de campaña deterioradas que no las protegen del frío del invierno ni del calor del verano. Los riesgos aumentan para las personas desplazadas que viven a orillas del mar, ya que la marea las amenaza más que las fuertes lluvias que inundan sus tiendas.
Mohammed Abu Khater, desplazado de la zona de Ma’an, al este de la ciudad de Bani Suheila, espera que la segunda fase del alto el fuego le permita regresar a su casa después de un desplazamiento de ocho meses, y señala que su vida y la de sus hijos, el mayor de los cuales no tiene más de diez años, están amenazadas entre la lluvia y el mar.
Cientos de personas desplazadas a ambos lados de la carretera Al-Rashid también sufren por el agua de lluvia que fluye hacia sus tiendas debido al constante movimiento de automóviles, en medio de la dificultad de encontrar lugares alternativos debido al hacinamiento de la zona y la ocupación que les impide regresar a sus hogares.
Ibrahim Abdel, un residente desplazado de Rafah, dijo que su tienda de campaña está cerca de la calle, lo que pone en riesgo sus vidas durante las lluvias y el tráfico pesado, y enfatizó que la búsqueda de refugio alternativo ha sido infructuosa durante los últimos dos meses.
La mujer desplazada, Hajja Umm Iyad, pidió a todas las asociaciones e instituciones interesadas que miren con compasión a los desplazados y distribuyan tiendas de campaña a quienes las merecen, señalando que los altos precios de las tiendas de campaña en los mercados superan la capacidad de las familias desplazadas para comprarlas, a pesar de la urgente necesidad de ellas con el comienzo del invierno.
Los desplazados esperan el fin de la ocupación y la entrada en caravanas para preparar el inicio del proceso de reconstrucción y poner fin a su sufrimiento, que dura ya dos años en tiendas de campaña.
Se observa que el sufrimiento de las personas desplazadas en la Franja de Gaza se renueva con cada baja presión del sistema, ya que las tiendas de campaña en ruinas se inundan de agua y los residentes se enfrentan al duro frío invernal, lo que aumenta la dificultad de su vida diaria y amenaza su salud.
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